Las vacunas : Causa de Neuroinflamación

Las vacunas inyectan una mezcla de microbios y toxinas directamente en la corriente sanguínea con el propósito de provocar una reacción inmunitaria. Cuanto menor es el niño al recibir la inyección, mayor perturbación le provoca. El sistema inmunitario inmaduro de un bebé será incapaz de oponer una defensa controlada normal. La reacción será lenta e ineficaz para expulsar del cuerpo estos venenos. Con frecuencia se necesitan dosis de refuerzo para inducir una respuesta lo suficientemente fuerte como para que sea eficaz. Cada dosis causa un periodo prolongado de inflamación, que podría durar de uno a seis meses, en el cerebro inmaduro.

Administrar vacunas a niños de muy corta edad ya es de por sí perjudicial, pero la administración repetida de vacunas crea un peligro incluso mayor. Los niños nunca han recibido tantas vacunas como ahora en ningún momento de la historia. Durante este mismo periodo de tiempo, los trastornos del desarrollo han aumentado hasta alcanzar proporciones casi epidémicas. No es una coincidencia!!

Siguiendo la programación recomendada de vacunas, los niños reciben su primer dosis el mismo día de su nacimiento. Cuando tienen entre uno y dos meses de edad, reciben seis dosis más! Dos meses después, otras seis dosis! A todo esto se le suman, al cabo de otros dos meses, cuatro dosis más. Durante los cuatro años siguientes, se les administran unas 18 dosis más.

Como la activación de las microglías puede persistir hasta seis meses con cada inyección, el cerebro podría permanecer en un estado continuo de intensa hiperactividad inmunitaria durante los primeros años de vida del niño. Durante este tiempo, este órgano estará sometido a una agresión continua por la inflamación descontrolada, los radicales libres y las nocivas excitotoxinas creadas por la respuesta inmunitaria. Las microglías se vuelven más sensibles a medida que se van añadiendo vacunas. Cada vacuna intensifica la respuesta inmunitaria del cerebro, incrementando la probabilidad de un daño cerebral grave.

Otro problema de las vacunas es que pueden sobrecargar el sistema inmunitario, debilitando su capacidad de combatir las infecciones naturales. Aunque nos pueden ayudar a defendernos de algunas infecciones, podrían debilitar la capacidad de nuestro cuerpo de combatir otras. Las infecciones naturales como la gripe, los resfriados, la otitis, o el crecimiento excesivo de cándida (por ejemplo erupciones cutáneas causadas por los pañales, sarpullidos) hacen que aumente la inflamación, con lo que la situación empeora aún más!

En algún momento la intensa actividad inmunitaria puede llegar a perpetuarse de forma automática, provocando el autismo. En algunos casos esto puede producirse al inicio de la vida del niño, antes de que pueda comunicarse de forma significativa. En otros casos, el niño se desarrollará con normalidad durante el primer año aproximadamente, y luego retrocederá a un estupor autista.

Tpta. David Harrison

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