La Fibromialgia

La fibromialgia es un síndrome que se asocia a dolores difusos intensos y crónicos, junto con otras patologías variables. Éstas, a menudo localizadas en las cervicales y en la parte alta de la espalda, tienen un carácter cambiante que desconcierta a la vez al médico y al entorno del paciente. El sufrimiento es enorme, pero las quejas de los pacientes rara vez son atendidas. El carácter oscilante de los dolores, a veces musculares y en otras ocasiones articulares, en las extremidades o en la espalda, sólo causa escepticismo en el sector sanitario. Los dolores son tan recalcitrantes que no ceden con ninguna medicación, lo cual hace que tanto el médico como la familia duden de que sean reales. La mayoría de profesionales siguen considerando la fibromialgia como una patología puramente psíquica. Esta reacción desespera aún mas a los pacientes, que se sienten incomprendidos.

Para los que la padecen, esta enfermedad es un calvario, porque a los intensos dolores se añade una gran fatiga inexplicable, que no mejora con el descanso, sino todo lo contrario, porque al despertarse, los pacientes manifiestan tener la sensación de que les han dado una paliza durante toda la noche. Esta expresión es característica de lo que viven los enfermos, pero también existen otros síntomas, como ausencias, taquicardias, problemas respiratorios con sensación de opresión en el pecho o dolores torácicos, síndrome seco o de Raynaud, que padece uno de cada seis enfermos, colopatías funcionales, irritación, calambres, hinchazón y/o parestesia de las extremidades, cefaleas, migrañas, trastornos auditivos o visuales, e inflamación repetitiva de la garganta. Ademas de polialgias intensas y constantes, incluso en reposo, los enfermos manifiestan irritabilidad general, hipersensibilidad de la piel, vértigos, insomnio, intolerancia al ruido y a la luz, apatía, atontamiento, abatimiento, lentitud general, y a veces, edema en la cara.

La persistencia de los síntomas y del sufrimiento hace que la vida de estas personas resulte muy difícil teniendo en cuenta que su aspecto es saludable. Los analgésicos son ineficaces, incluso la morfina. Su vida resulta muy afectada y, como dicen algunos, está rota. Hasta aguantar un vaso de agua en la mano es doloroso. La incomprensión con la que se encuentran estos enfermos les produce gran desasosiego y se pueden hasta volver depresivos o suicidas. No sólo tienen dolores, sino que además nadie les cree. Por fuera nada permite diagnosticar esta enfermedad. Tienen buen aspecto, parecen estar en forma y sus análisis de sangre son normales. Se avergüenzan por sentirse enfermos y cansados, sus familiares los toman por vagos, su entorno laboral por holgazanes y sus amigos por hipocondriacos. Así, se ven forzados a ocultar sus síntomas, a no abrirse a nadie y a encerrarse con sus males en la depresión, lo que genera una reducción importante de la vida en todos los sentidos de la palabra.

Ante la fulgurante evolución de la enfermedad (existe más de 2 millones censados sólo en Francia y alcanza un 3.9% según el senado, de los cuales un 10% pertenece a la categoría de invalidez total), los médicos, que no se tomaban muy en serio esta patología hasta estos últimos años, empiezan a hacerse preguntas. Las hipótesis oficiales, algo difusas, se multiplican y son poco creíbles, pues no conducen a ningún tratamiento eficaz. Origen viral? Deficit inmunitario? Sensibilidad exacerbada? Problemas metabólicos, neurológicos?

La fibromialgia es una patología mal conocida a nivel científico, y sus síntomas múltiples, variables e invisibles la hacen escurridiza y difícil de cuantificar al no beneficiarse, de entrada, de ningún elemento biológico tangible, ya que ni las exploraciones, ni siquiera las radiografías, revelan nada. Frente a la ausencia de causa aparente, el médico, reacio a admitir la verdadera naturaleza de los dolores, siente la tentación de atribuirles una causa psicológica. Y aunque no se haya conseguido la menor curación a base de antidepresivos, la fibromialgia se ha considerado erróneamente durante mucho tiempo una enfermedad psíquica. Pero hay que decirlo alto y claro : ES LA INCOMPRESIÓN Y LA IMPOTENCIA de los médicos frente a la enfermedad lo que vuelve a las personas depresivas y acaba por alterar su psiquismo!

Afortunadamente, en 1994, se logró demostrar que los dolores son reales al localizar en el líquido cefalorraquídeo de los pacientes un neuropéptido específico que se livera en caso de dolor. Hoy en día, por fin la enfermedad está reconocida por la OMS.

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