Vacuna: Poliovirus inactivado

La poliomielitis es una enfermedad contagiosa causado por el poliovirus. Se la contempla con miedo porque puede causar parálisis parcial o permanente. Todos hemos visto fotos de niños que han quedado profundamente afectados debido a sus efectos. Aunque el riesgo de parálisis existe, el peligro que imaginamos se ha exagerado enormemente. Para la inmensa mayoría de la gente, la polio es una enfermedad leve. Al menos el 90% de los infectados no experimentan síntomas apreciables; entre un cuatro y un 8% de los casos, los síntomas no son peores que los de un resfriado o una gripe ligera. Entre un uno y un 3%, el virus se abre camino hasta el sistema nervioso central donde pueden surgir las complicaciones. De cada 1000 casos, entre uno y cinco pueden terminar con algún grado de parálisis, la mayoría de las veces sólo temporal.

La vacuna de la polio (IPV, por sus siglas en inglés) se administra por primera vez a los dos meses, seguida por tres dosis de refuerzo entre los cuatro y los seis años. Como otras vacunas, la inmunidad es sólo temporal. La mayoría de los adultos que fueron vacunados de niños han dejado de ser inmunes. Pero no hay por qué preocuparse. Si vives en un país con un buen saneamiento y agua potable, las probabilidades de contraer la polio son prácticamente nulas. Norteamérica, Europa, Australia y otras docenas de países han sido declarados oficialmente países libres de polio. En Estados Unidos, el último caso natural de polio ocurrió en 1979. Los únicos brotes desde entonces han sido causados por la misma vacuna de polio.

En realidad, tienes más riesgos de contraer la enfermedad si estás vacunado que si no lo estás. Por eso quizá será de sentido común saltarse esta vacuna innecesaria.

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