Vacuna: Sarampión, parotiditis y rubeola (MMR)

El sarampión es una infección respiratoria contagiosa causada por el virus del sarampión. Se trata de una enfermedad frecuente en la infancia. No existe un tratamiento específico para el sarampión y la mayoría de los niños tardan de siete a 10 días en recuperarse con un descanso adecuado. Los síntomas suelen ser la fatiga, mucosidad, ojos enrojecidos y fiebre.
Un niño sano se recuperará de la infección de sarampión sin problemas. La enfermedad puede ser mucho más grave en los adultos, incluso fatal. Gran parte de la aprehensión o del miedo que sentimos ante la posibilidad de que uno de nuestros hijos contraiga el sarampión se basa en lo que puede sucederles a los adultos o a niños que de por sí ya están enfermos. Si tus hijos están sanos, una infección de sarampión no es un asunto grave. En cuanto desaparece la infección, los niños quedan inmunizados de por vida.
Los bebés suelen estar protegidos del sarampión durante los primeros seis o 12 meses tras el nacimiento debido a la inmunidad que les han transmitido sus madres. La vacuna del sarampión normalmente se combina con la de parotiditis y la de la rubeola: las tres se administran simultáneamente. La vacuna MMR se da 2 veces a los niños: una vez entre los 12 y los 15 meses de edad, y otra entre los cuatro y los seis años.
Actualmente, el sarampión es muy poco frecuente en Estados Unidos y en la mayor parte del resto de las naciones industrializadas. Por lo general, se declaran menos de 100 casos al año en Estados Unidos, y la muerte por sarampión es extremadamente rara hoy en día en este país. Según los CDC, durante el período de tres años desde 2005 hasta 2007 (los años más recientes de los que están disponibles todos los datos), en todos los grupos de edad combinados un total de sólo un fallecimiento. Entre los niños no hubo ninguno. En comparación, en todos los grupos de edad se produjeron 20 veces más muertes en Estados Unidos causadas por la malaria (normalmente considerada una enfermedad tropical) que por el sarampión.
La rubeola (el sarampión alemán), conocida también como «sarampión de los tres días», es otra enfermedad habitual en la infancia. La rubeola no es lo mismo que el sarampión; son dos enfermedades distintas causadas por virus distintos. La rubeola es una enfermedad leve en los niños y sus síntomas pueden pasar inadvertidos. Sin embargo, este virus puede causar defectos importantes de nacimiento si una embarazada se lo transmite a su hijo no nacido. Esta es la única justificación para la vacunación.
Si el motivo de esta vacuna es proteger a los recién nacidos, por qué se administra a todos los niños de sexo masculino? Es totalmente innecesario. Las mujeres que han sufrido la infección de niñas tienen una inmunidad natural. Los hijos están protegidos mientras estén en el vientre materno y durante alrededor de un año después. Sin embargo, puede que las mujeres vacunadas no estén protegidas, ya que la inmunidad inducida por fármaco puede desaparecer con el tiempo. Vacunar a niñas pequeñas puede en realidad incrementar el riesgo porque de ese modo no lograrán la protección de una inmunidad natural de por vida. Puede que sean adultas, cuando tienen probabilidades de quedar embarazadas, cuenten con poca protección.


La parotiditis (paperas) es una enfermedad infantil habitual contagiosa causada por el virus de la parotiditis. Puede producirse a cualquier edad, pero generalmente afecta a los niños de edades comprendidas entre los dos y los 12 años que no han sido vacunados. En los niños la enfermedad dura entre 10 y 12 días, y desaparece por sí misma. Entre los síntomas están la fiebre, la pérdida de apetito y la inflamación de las glándulas salivares, que hace que las mejillas se hinchen, el signo distintivo de la enfermedad. En los niños es una dolencia leve y hasta el 20% de los infectados no muestran síntomas.


En los adolescentes y adultos la enfermedad es más grave. Las complicaciones pueden incluir inflamación de los testículos, que a veces provoca atrofia esterilidad, hinchazón e inflamación del páncreas o del cerebro, pérdida auditiva y, en las mujeres, inflamación de los ovarios y aborto durante el embarazo.


Se ha demostrado que la vacuna de la parotiditis es prácticamente inútil e incluso perjudicial. Cada año hay más de 1000 enfermos de parotiditis en Estados Unidos y casi todos ellos han sido vacunados contra esta enfermedad. La infección con el virus natural de la parotiditis transmite una inmunidad de por vida. Por el contrario, la inmunidad conseguida a través de una vacunación poco tiempo. Los niveles de anticuerpos declina rápidamente, dejando a la persona vulnerable a la infección tras unos pocos años. Hay que repetir la vacunación una y otra vez para mantener la inmunidad. En realidad, esto causa una situación de mayor gravedad, porque las paperas, como el sarampión, son mucho más peligrosas cuando se contraen después de la infancia. Desde que comenzó la vacunación periódica de niños, un número creciente de jóvenes y adultos vacunados se están infectando. Lo que ha ocurrido es que una enfermedad infantil insignificante se ha transformado en una enfermedad mucho más peligrosa de adultos.


El sarampión, la parotiditis y la rubeola son enfermedades que prácticamente todo niño contrae si no se le vacuna. Ha sido así durante toda la vida. De hecho, si naciste antes de 1957, antes de que comenzaran las vacunaciones en masa de MMR, no necesitarías esta vacuna porque casi todo el mundo en este grupo de edad ha tenido cada una de estas enfermedades cuando niño y ahora es inmune.


Sería mejor si todos contrajéramos estas enfermedades en la infancia, lo mismo que nuestros abuelos, y nos las quitáramos de en medio sin necesidad de vacunaciones. Una vez vacunado, tienes un riesgo mayor durante el resto de tu vida porque la inmunidad inducida por los fármacos pueden desaparecer con el tiempo ya sabes que estas enfermedades son más peligrosas si se contraen tras la niñez. Una vez vacunada, una persona requiere vacunaciones repetidas para mantener la protección. Al vacunar a los niños, estos se vuelven dependientes de las vacunas durante el resto de sus vidas, una estrategia financiera muy inteligente por parte de la industria farmacéutica.


La vacunación ha reducido la incidencia de estas enfermedades en los niños. En años recientes muchos padres han elegido renunciar a la MMR debido a su preocupación acerca del autismo. A causa de esto la incidencia del sarampión, en particular, ha aumentado. Los trabajadores de la asistencia sanitaria y los defensores de la vacuna citan con frecuencia este hecho para instalar el miedo en los padres afirmando que si sus hijos no son vacunados, corren un gran riesgo de contraer estas enfermedades. En realidad esto es bueno!! Los niños deberían contraerlas, como lo han hecho durante generaciones. Estos niños serán mucho más sanos después y nunca tendrán que preocuparse de sufrirlas de adulto.

Tpta. David Harrison

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